Nunca creí que una llamada de mi madre acabaría siendo el motivo para escribir este post. A veces no somos conscientes de que, para muchas personas, la energía eléctrica no es una comodidad; es el hilo que las mantiene unidas a la vida, incluso dentro de sus propias casas.
Sucedió un día de tormenta en el pueblo. La luz se fue, como tantas otras veces, pero esta vez era distinto. Mi padre, por culpa del maldito tabaco (toda una vida fumando desde los 16 años), dependía de un respirador muchas horas al día para que sus pulmones recibieran algo de oxígeno. He llegado a ver su oxímetro en 88 mientras él intentaba seguir funcionando como si nada… pero los pulmones tienen un límite.
Mi madre entró en pánico. Llevaban un buen rato sin luz y el respirador de casa se había detenido. Intentó llamar al 112, pero no lograba contactar. En medio de ese miedo, me llamó a mí. Estaba asustada: «Juanan, papá se tiene que conectar ya y no hay luz, ¿qué hago?».
Si dijera que actué con la frialdad con la que trabajo, mentiría. No es lo mismo estar en un cuarto de control liderando a un equipo de profesionales para mantener un sistema industrial, que intentar salvar a tu propio padre. Pero la mente de ingeniero se activó por instinto. Recordé que hacía pocos días les habían prestado un respirador portátil a 12V con batería para sus salidas a la playa.
— «Mamá, es fácil: baja al coche, lo sacas a la puerta y lo dejas arrancado. Conecta el respirador portátil a la toma del coche para que vaya cargando. No esperes a que él esté apurado; bajad poco a poco, que se ponga atrás tranquilo y, cuando lo necesite, lo usa. Ahí podéis esperar a que vuelva la luz. ¿Tienes gasoil?»
— «Sí, el tanque del Toyota está lleno».
— «Perfecto. Tienes 65 litros de vida«.
Gracias a Dios, ese día la luz volvió pronto. La suya, tristemente, no aguantó mucho más… pero aquel día aprendí que la tecnología de respaldo no es un lujo, es una responsabilidad. Por eso hoy escribo esta guía. Para que nadie tenga que pasar por ese pánico y para que sepamos cómo diseñar sistemas que nos den esa seguridad que mi familia necesitó aquel martes de tormenta.