Bajar el interruptor, aplicar las cinco reglas de oro y tener un cuadro de alta tensión completamente descargado para su mantenimiento preventivo trienal es un momento que suele dar tranquilidad a cualquier jefe de planta. Con el descargo ya realizado y las tierras portátiles retiradas para medir el aislamiento del embarrado de 25kV, abrimos las puertas esperando encontrar el polvo de siempre. En su lugar, nos topamos con un escenario de pesadilla. Una película de terror técnico que ningún manual de fabricante advierte y que solo un químico veterano de laboratorio fue capaz de descifrar.
El protocolo de manual antes de empezar cualquier trabajo de mantenimiento preventivo en un cuadro eléctrico es medir el aislamiento inicial. Así tienes la foto fija del estado del equipo para poder compararla una vez ejecutadas las tareas.
Conectamos el medidor de aislamiento a 10kV. Le damos al botón y… el equipo no carga. Aislamiento «0». Imposible. Buscamos un segundo megger, convencidos de que el primero ha muerto. Repetimos la operación y el resultado es el mismo: aislamiento «0». Esto ya no tiene ninguna gracia. —«Paco, déjame el Fluke y ponlo en resistencia». Medimos entre fases: «0». Silencio sepulcral en la subestación.
Así arrancó el preventivo de alta tensión que me grabó a fuego una lección vital: los eléctricos no podemos permitirnos el lujo de ignorar la química.
Tras esos instantes de infarto, el equipo de mantenimiento al completo empezó a inspeccionar milímetro a milímetro todo el embarrado. Lo que vimos carecía de toda lógica. El interior de dos cabinas parecía haber envejecido 100 años en lugar de tres. Las superficies estaban incomprensiblemente húmedas y el ambiente estaba impregnado de un olor penetrante y muy molesto.
¿Lo más frustrante? Las resistencias de caldeo y los termostatos funcionaban a la perfección. Los sellados interiores estaban intactos y lo único que quedaba ligeramente abierto eran las clapetas de expansión (diseñadas para desalojar los gases en caso de cortocircuito). Sobre el papel, todo estaba correcto, pero la realidad es que el cuadro se estaba pudriendo desde dentro.